Este es el tercer artículo de nuestra serie del blog SkincAIr. Después de presentar el proyecto y destacar el valor del desktop research en nuestras dos primeras publicaciones, ahora nos centramos en una dimensión a menudo pasada por alto en los proyectos de UX: el papel de la aprobación ética y lo que significa comprometerse de manera responsable con los participantes humanos.
Sabíamos desde el inicio de este proyecto que implicar a personas requería tomarse la ética en serio, pero nos sorprendió la cantidad de requisitos y matices culturales que dieron forma a nuestra investigación. Esta experiencia nos llevó a reflexionar no solo sobre las formalidades de la aprobación ética, sino también sobre aquello que el ámbito de la UX a menudo ignora cuando trabaja con personas.

Cuando la ética se reduce a un NDA
Cuando hablamos de ética en la investigación aplicada dentro de las empresas, la conversación suele detenerse en un punto muy concreto: la firma de un Acuerdo de Confidencialidad (NDA, por sus siglas en inglés).
El NDA está diseñado para proteger a la organización, asegurando que la información comercial sensible no se filtre fuera del contexto de investigación. Es una salvaguarda contractual, pero que responde casi exclusivamente a las necesidades de la empresa. Sin embargo, no aborda de forma significativa el bienestar, la dignidad o los intereses a largo plazo de las personas que aceptan participar en el proceso de investigación.
Aprobación ética en la investigación académica y etnográfica
Por el contrario, en disciplinas como la etnografía, la psicología o la investigación médica, la participación de seres humanos requiere un marco sólido de aprobación ética. Estos marcos no son obstáculos burocráticos diseñados para ralentizar el trabajo, sino reflejos de una responsabilidad más amplia.
El Informe Belmont (1979), redactado en respuesta a varios abusos históricos en la investigación, estableció tres principios fundamentales que hoy rigen la investigación con seres humanos:
- Respeto por las personas: reconocer la autonomía y proteger a quienes tienen autonomía reducida.
- Beneficencia: maximizar los beneficios y minimizar los daños.
- Justicia: distribuir equitativamente los beneficios y las cargas de la investigación.
Estos principios se traducen en prácticas concretas. Los Comités de Ética o Revisores Institucionales (IRB) no solo evalúan si los participantes dan su consentimiento, sino también si:
- El consentimiento es verdaderamente informado y voluntario.
- Los riesgos son mínimos y razonables.
- La selección de sujetos es equitativa.
- Los beneficios potenciales se maximizan para los participantes y la sociedad.
- La privacidad y la confidencialidad se mantienen más allá de los requisitos legales.
- Las poblaciones vulnerables reciben protecciones adicionales.
Más allá del cumplimiento: la práctica reflexiva
Lo que distingue la revisión ética académica es su énfasis en la reflexión. Los investigadores deben articular:
- Posibles sensibilidades culturales y dinámicas de poder.
- Implicaciones a largo plazo de la recogida y almacenamiento de datos.
- Consecuencias no intencionadas para las comunidades participantes.
- Planes para compartir beneficios con las poblaciones estudiadas.
Redactar y presentar una aprobación ética obliga a los investigadores a enfrentarse a preguntas que van más allá del proyecto inmediato, como: “¿Qué contextos culturales están en juego?”, “¿Podría esta investigación reforzar estereotipos o causar daño involuntariamente?”, “¿Cómo se gestionarán, almacenarán y compartirán los datos de manera responsable?” y asumir la responsabilidad de las respuestas.
Por qué la investigación UX funciona de otra manera
La investigación UX suele centrarse en entregables inmediatos: el siguiente sprint, el siguiente prototipo, la siguiente versión. Las aprobaciones éticas, en cambio, se basan en el principio de pensar a largo plazo, no solo en lo que sucederá durante la sesión de investigación, sino en cómo podrían utilizarse los datos años después, cómo se sentirán los participantes al respecto y qué responsabilidades sociales implica la investigación.
Estas diferencias temporales se refuerzan con una creencia generalizada: que la investigación UX es intrínsecamente de bajo riesgo.
Históricamente, la UX se ha presentado como de bajo riesgo, centrada en:
- Evaluaciones de interfaces.
- Estudios de finalización de tareas.
- Pruebas de preferencias.
- Mapeo de recorridos de usuario.
- Investigación exploratoria sobre necesidades y comportamientos.
Este planteamiento no es del todo erróneo: la mayoría de los estudios UX no tratan temas profundamente personales ni exponen a los participantes a riesgos físicos. Sin embargo, la suposición de “bajo riesgo” se ha convertido en una justificación general para una supervisión ética mínima.
Presiones empresariales y limitaciones estructurales
Varios factores perpetúan esta brecha ética:
- Rapidez al mercado:
En entornos donde los sprints de dos semanas son la norma, un proceso de revisión ética que dure semanas parece inviable. - Consideraciones de coste:
La revisión ética formal requiere infraestructura, comités, formación y sistemas de documentación, un gasto que muchas empresas evitan. - Presión competitiva:
Cuando los competidores “se mueven rápido y rompen cosas”, la deliberación ética puede parecer un lujo. - Vacío normativo:
A diferencia de la investigación médica (regulada por la FDA) o la académica (por políticas federales), la UX opera en un espacio sin regulación específica. El RGPD aborda la privacidad de los datos, pero no la ética de la investigación en sí.
El coste de los atajos éticos
Riesgos ocultos y reflexiones perdidas
Lo que se pierde con este enfoque simplificado es la oportunidad de una reflexión ética más profunda. Incluso cuando los estudios parecen inofensivos, pueden conllevar riesgos sutiles:
- Una prueba aparentemente inocua puede resultar estresante o intimidante para alguien sin experiencia digital.
- Participantes pertenecientes a grupos marginados pueden revelar información con consecuencias mayores de las previstas.
- Los estudios transculturales, cada vez más comunes en empresas globales, corren el riesgo de ignorar o simplificar prácticas locales si no se abordan con sensibilidad.
Sin un marco ético explícito, estos riesgos permanecen invisibles, no porque no existan, sino porque nadie formula las preguntas necesarias para sacarlos a la luz.
Erosión de la confianza
La confianza entre participantes e investigadores es frágil y puede erosionarse fácilmente cuando las consideraciones éticas se gestionan mal. Si los participantes descubren que sus datos se han usado más allá del propósito original, una práctica no infrecuente en entornos corporativos, su confianza en el proceso disminuye.
El mal uso de los datos es solo un aspecto; cuestiones más amplias como la falta de transparencia, el desprecio por el consentimiento o estudios mal diseñados también pueden comprometer los estándares éticos y debilitar las relaciones.
Cuando los participantes dejan de confiar en el proceso, sus respuestas se vuelven menos auténticas, abandonan con mayor frecuencia y resultan más difíciles (y costosos) de reclutar, con el riesgo añadido de que grupos demográficos enteros se desconecten, dejando vacíos críticos en la investigación.
Hacia un punto medio aplicable
En lugar de adoptar los procesos académicos de los IRB en su totalidad, los equipos de UX pueden implementar prácticas éticas ligeras pero significativas, a modo de lista de verificación antes de comenzar un proyecto con participantes.
Inspirándonos en el espíritu del Informe Belmont, diseñamos una checklist ética para equipos de UX, una herramienta que adapta la reflexión ética a la realidad del entorno empresarial:
LISTA ÉTICA UX
Evalúa los riesgos más allá de la interfaz:
¿Podría esta investigación generar estrés o ansiedad?
¿Pedimos a los participantes que revelen más de lo necesario?
¿Podría el contexto de la investigación crear presión para participar?
Reflexiona sobre las dinámicas de poder:
¿Cuál es la relación económica entre investigador y participante?
¿Cómo pueden influir factores culturales o sociales en el consentimiento?
¿Estamos explotando inadvertidamente a poblaciones vulnerables?
Reconoce la experiencia de los participantes:
Compensa de forma justa (mínimo: salario digno local por el tiempo invertido).
Trátales como colaboradores, no como sujetos.
Comparte los resultados cuando sea posible.
Informa con transparencia:
Explica el uso de los datos en un lenguaje claro.
Especifica los periodos de conservación.
Aclara los derechos del participante más allá del mínimo legal.
Cuida el bienestar:
Ofrece procedimientos claros para la retirada.
Permite pausas y revisiones durante las sesiones.
Da seguimiento a cualquier signo de malestar.
Gestiona los datos de forma responsable:
Define y comunica los límites de conservación.
Limita el uso de los datos al propósito declarado.
Planifica la eliminación de datos, no su retención indefinida.
Estrategias de implementación
Empieza poco a poco: comienza con un equipo o tipo de proyecto. Documenta los aprendizajes e itera.
Crea plantillas: desarrolla formularios de consentimiento estandarizados que vayan más allá de la protección legal y atiendan al bienestar del participante.
Construye gradualmente: incorpora consideraciones éticas en los procesos existentes en lugar de crear nuevos.
Conclusión: la ética como práctica continua
No se trata de argumentar que la UX deba adoptar procesos tan pesados como los de la investigación académica o médica. Los contextos son diferentes, y la agilidad suele ser esencial en la industria. Pero entre el NDA y la revisión ética completa existe un punto medio: un marco ligero que impulse a los investigadores a considerar las sensibilidades culturales, reconocer las vulnerabilidades de los participantes y anticipar impactos más amplios.
La ética, en este sentido, no es solo una salvaguarda legal, sino una práctica continua: una manera de cuestionar cómo nos relacionamos con las personas, qué les pedimos y cómo nuestro trabajo puede afectarles más allá de los objetivos inmediatos de un proyecto.
Incorporar esta perspectiva en la investigación UX no significa ralentizar ni complicar los procesos, sino añadir responsabilidad y confianza, y, en última instancia, enriquecer la disciplina.




